TT MAGAZINE

La escalada durante la infancia

3 diciembre, 2018

La infancia es el momento idóneo para comenzar a escalar. Un instinto humano, trepar, que brilla con fuerza en los primeros años de vida, y que si se aprovecha con el comienzo en la verticalidad, desarrollará a un ser humano más en armonía con él mismo. 

La escalada, es por mayoría desbordante, el pasatiempo preferido de un niño. Desde el comienzo y durante el desarrollo de su coordinación psicomotriz, los bebés aprenden explorando la sincronicidad entre sus brazos, piernas y ojos. Los ojos marcan la pauta del reto, y poco a poco coordinan con mayor y mayor agilidad que sus brazos y piernas les acompañen a la meta. Si a un bebé le pones una meta en horizontalidad, en su cerebro la verá igual de alcanzable que si la colocas en verticalidad. Es ahí donde aflora su instinto, y es el momento oportuno de darle la libertad de aprender de sus propias capacidades, y en lugar de ponerle metas que asemejen verticalidad-miedo, aprovechar la escalada y siempre guiados por expertos y adultos, acompañarlos a sacar lo mejor de ellos mismos.

Después, durante el crecimiento en la infancia, la escalada les permite conocerse mejor que cualquier otro niña o niño que no haya desarrollado esta actividad. Conocen mejor sus movimientos, sus márgenes corporales, su elasticidad y visualización. Desarrollan unos músculos más elásticos, cuerpos más fibrosos, ágiles, donde siendo la escalada el deporte donde más músculos se trabajan, desarrollan una altísima interacción cerebral con cada parte de su cuerpo con una respuesta altísima. Desarrollan el equilibrio, la agilidad de pensamiento, la confianza y seguridad en ellos mismos, el balance entre sus emociones y la situación a resolver, la anticipación, el autoestima, la concentración, y es el deporte que mayor relajación aporta debido a su descarga no solo de energía sino de adrenalina.º

Y lo más importante, aprenden de ellos mismos, ante sus propios retos, a ser libres de manera individual. Es decir, a evaluar por ellos mismos la situación, y saber para sí qué son capaces de hacer, y así, gestionar su riesgo. 

Siempre es el momento perfecto para darles la oportunidad de explorar por ellos mismos sus límites, y la verticalidad es uno de los más innatos, sanos y divertidos que todos hemos experimentado en nuestros primeros años de vida.